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domingo, 14 de septiembre de 2014

¿VIVIR PARA QUE?


Bajo el lema: "La prevención del suicidio: un solo mundo conectado". Se conmemora este  10 de septiembre el día mundial para la Prevención del Suicidio, año 2014. Cada año este día se pretende generar en todos los ámbitos donde predominan actividades realizadas por  el ser humano, la consciencia real del fenómeno del suicidio. Es necesario fomentar prácticas de compromisos reales con dicha situación, pues según algunos datos de la OMS  existen en promedio casi 3000 personas que ponen fin a su vida, y al menos 20 personas intentan suicidarse por cada una que lo consigue.

Actualmente se cuenta con el patrocinio de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, la OMS y algunos de sus colaboradores para hacer un esfuerzo y crear por una parte terapias alternativas  adecuadas, y medidas de seguimiento para quienes han intentado suicidarse, y/o buscar las formas adecuadas para tratar el tema del suicidio en  los medios de comunicación.
Según el primer informe ejecutivo de la OMS sobre el suicidio manifiesta que: “Una manera sistemática de dar una respuesta nacional al suicidio es establecer una estrategia de prevención del suicidio que enuncie el compromiso  claro de un gobierno con relación al problema del suicidio. 

Las estrategias nacionales, de manera general, abarcan  varias medidas de prevención como la vigilancia, la  restricción de los medios utilizables para matarse, directrices  para los medios de difusión, la reducción del estigma y la  concientización del público, así como la capacitación de  personal de salud, educadores, policías y otros guardianes. También suelen incluir servicios de intervención en crisis y servicios post-crisis.” Vale reconocer que desde siempre ha sido un tema tabú, permitido pero nunca hablado como algo cotidiano sino más bien como un acto vergonzoso desde la historia antigua del ser humano este acto se considera “valido” increíblemente hasta hoy en día por razones como la siguiente: vejez, enfermedades crónicas, pasión por ideas, apegos y decepciones sufridas por seres que se aman, etc., etc.

Así por ejemplo tenemos en algunas culturas las siguientes situaciones como válidas: La vejez y las enfermedades graves eran igualmente causas razonables de suicidio para los Celtas para los pueblos Vikingos y Nórdicos. En el caso de los  germánicos, si el suicidio tenía como finalidad evitar una muerte vergonzosa, era bien visto. Entre los chinos de unos veinte siglos antes de Cristo, el suicidio solía ejecutarse por razones de lealtad; en Japón se realizaba como una ceremonia bien fuera por expiación o por derrota, y en la India, se justificaba por razones litúrgicas o religiosas, así como por muerte de los esposos o esposas.

Si vemos más allá también existe un nivel bastante influyente aun hoy de los  aportes filosóficos en esta concepción del suicidio es así como encontramos en las afirmaciones filosóficas de los estoicos, pitagóricos, platónicos, aristotélicos y epicúreos el considerar al suicidio como un acto de  liberación del sufrimiento. Así, para los romanos y los griegos, morir con decencia, racionalmente y al mismo tiempo con dignidad, era muy importante. En cierto modo, la forma de morir era la medida del valor final de la vida, en especial para aquellas vidas consumidas por la enfermedad, el sufrimiento y el 
deshonor.

Luego en la época medieval se empieza a ver el fenómeno del suicido como un acto abominable y rechazado y juzgado duramente por Dios, basados en esta concepción tenemos lo siguiente: El Neoplatonismo, la filosofía de la felicidad más influyente en la antigüedad clásica, consideraba que el hombre no debía abandonar por su voluntad el lugar asignado por Dios. Se considera, por lo tanto, que  afectaba al alma de forma negativa después de la muerte. Y San Agustín por su parte describió el suicidio como una detestable y abominable perversidad humana y afirmaba que Dios otorgaba la vida y los sufrimientos, y por lo tanto los seres humanos tenían la obligación de soportarlos. E ir contra de esta naturaleza era ir en contra de Dios.

Siendo así, habría que preguntarse ¿qué hace nuestro país por este fenómeno social?, la respuesta, sería muy poco o casi nada, pues este situación está pasando desapercibida casi por completo en considero todo el sistema de salud, es de visualizar las razones del porqué por ejemplo Sonsonate repunta en este fecha como el departamento con el índice más alto de suicidios; que está pasando con las personas que viven en el lugar que los orilla a tomar esas decisiones con frecuencia.  Habría entonces que elevar la mirada hacia el seno familiar, que está pasando en nuestra familia para que haya tantos casos de culminación de una vida, por no poder resolver  los problemas que se nos presentan, surge entonces otra interrogante: 

¿Que lleva a tomar la decisión de tan cruel desenlace, que motiva a que se  quieran morir?

En algunos casos las personas optan por tomar esta decisión de no vivir más por encontrarse con el nivel de tolerancia agotado, un menú de frustraciones diversas y sinsabores más que agregarle a tan fatal decisión. En algunos casos el motivo surge por un amor no correspondido, tanto así que se ha vuelto una práctica casi “popular en las redes sociales” mostrar los intentos suicidas por el ser amado, obviamente acá no podremos dejar de lado el padecimiento de trastornos afectivos, del estado  de ánimo o de personalidad.

Otra situación que actualmente se vive es la frustración de traer un nuevo ser a la vida y no tener los medios ni económicos, sociales o familiares para mantenerlo adecuadamente y mucha jóvenes optan por quitarse la vida durante su embarazo. También es de reconocer la ausencia de la práctica de valores en la familia, al grado que deja de ser hogar y se convierte en un hotel, en el cual la gente solo llega a comer y a dormir, se han quedado en el olvido esas tardes o noches familiares en las que platicar en familia era habitual.

Otra situación que también genera la toma de decisiones de esta naturaleza, es la decadencia del autoestima en las personas, el no sentirse apreciadas, valoradas e importantes para alguien hacen que sea más factible el deseo de dejar de existir. Si a lo anterior lo aunamos la situación económica en algunas cosas insostenible, ya sea por falta de trabajo, administración económica desordenada, vivencias de estilo de vida inadecuados a los ingresos etc., se llegan a  plantear el suicidio  como única solución para dejar de experimentar el sentimiento de impotencia que presentan.

Visualizando lo anterior y comprendiendo que es un fenómeno social cercano a nuestra realidad que debemos hacer para identificar en nuestras casas si alguien está rondando esta situación, para ello puede tomar en cuenta los siguientes indicadores de riesgo que pueden ser conscientes o inconscientes y, en muchas ocasiones, es una señal de una persona que no es capaz de expresar lo mal que se siente o una petición de ayuda. Aunque no indican necesariamente el suicidio, es conveniente tener en cuenta los indicadores de riesgo siguientes planteados  según Maris, Berman y Silverman, 2000; y aceptados por la Asociación de investigación, prevención e intervención del suicidio, 2009.
·         Verbalizar frases que indican un acto suicida como: 
  •     "prefiero estar muerto” "cuando me muera me echaran de menos".
  • ·         Escribir notas sobre el suicidio o la muerte (que se pueden clasificar como 1. notas de disculpa, 2. basadas en enfermedades incurables, 3. acusatorias, 4. con instrucciones y 5. una mezcla de todas ellas (Jacob, 1967, citado por Matusevich y Pérez Barrero, 2009).
  • ·         Hacer testamento o donar o tirar pertenencias importantes.
  • ·         Pasar bruscamente de un estado de ánimo a otro diferente
  • ·         Realizar conductas erráticas, sin objetivo alguno.
  • ·         Visitar a amigos y familiares en plan de despedidas.
  • ·         Acumular fármacos.
  • ·         Hablar sobre el suicidio, incluso bromeando.
  • ·         Sufrir una depresión mayor.
  • ·         Cambiar de hábitos alimenticios y del sueño.
  • ·         Perder el interés en las actividades habituales.
  • ·         Abandonar a los amigos y a la familia.
  • ·         Aumentar el consumo de alcohol y de drogas.
  • ·         Provocar situaciones de riesgo innecesarias.
  • ·         Sufrir un aumento de molestias físicas frecuentemente asociadas a conflictos emocionales.
  • ·         Tener un comportamiento temerario.
  • ·         Poner orden en los asuntos y regalar posesiones de valor.
  • ·         Tener un cambio radical en el comportamiento, en la actitud o en la apariencia del aspecto físico.
  • ·         Sufrir una pérdida importante o cambio de vida.
  • ·         Haber sufrido abuso sexual o maltrato físico.
  • ·         Tener una historia familiar de suicidio o violencia.
  • ·         Haber fallecido un amigo íntimo o un miembro de la familia.
  • ·         Haberse divorciado o separado recientemente.
  • ·         Tener fracaso escolar.
  • ·         Haber perdido el trabajo o problemas laborales.
  • ·         Tener procesos legales inminentes.
  • ·         Haber estado encarcelado recientemente o haber sido excarcelado recientemente.
  • ·         Provocar conflictos y peleas.
  • ·         Infringir la ley.
  • ·         Autolesionarse.
  • ·         Haber tenido una conducta previa de suicidio.
  • ·         Tener problemas en la esfera sexual.
  • ·         Tener escaso o nulo apoyo de la familia y amigos.
  • ·         Sentirse marginado.
  • ·         Tener sentimientos de culpabilidad.
  • ·         Ser rígido, con pensamiento obsesivo, con poca capacidad de resolución de problemas y un autoconcepto negativo (Rodríguez Pulido y otros, 1990).
  • ·         Tener sentimientos de inutilidad y de pérdida de autoestima.
  • ·         Expresar sentimientos de desesperanza.

Además toda persona ante de realizar un acto suicida evidencia una serie de síntomas que constituyen el síndrome presuicidal (Ringel 1949, citado por De Leo, 1998), que consiste en un retraimiento de los sentimientos y el intelecto, inhibición de la agresividad, la cual ya no es dirigida hacia otras personas sino hacía sí y la existencia de fantasías suicidas (FEAFES, 2006)

Y finalizo con una frase que escuche en algún momento de mi vida, y me la considero efectiva: NADA NI NADIE;  VALE TANTO LA PENA COMO PARA YO DEJAR DE EXISTIR, AL FINAL DE CUENTAS TODO SE SOLUCIONARA Y SI NO PUES HABRA SIEMPRE FORMAS DE REMEDIARLO, ARREGLARLO O CAMBIARLO.







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